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domingo, 6 de mayo de 2012

Mozart y su perro

Wolfgang Amadeus Mozart - (1756-1791) o su nombre completo Johannes Chrysostomus Wolfgang Amadeus Mozart, estudió con Leopold Mozart, su padre, conocido violinista y compositor que trabajaba en la orquesta de la corte del arzobispo de Salzburgo. Un pequeño Mozart de seis años era ya un pianista avanzado que dominaba además el violín, a la vez que... hacía gala de una extraordinaria capacidad para la improvisación y la lectura de partituras. Todavía hoy se interpretan cinco pequeñas piezas para piano que compuso a esa edad y ya amante de los perros, gatos y pájaros. Mozart tuvo varios años de gloria, siendo reconocido por reyes y reinas de toda Europa. Pero, nunca supo relacionarse con el dinero. La explotación de su genialidad musical surgiría luego por parte de grandes oportunistas.


Ya casado, su vida comenzó a desmoronarse. La mujer lo abandonó. La madre, que tanto amaba, enfermó gravemente. Mozart, sin dinero, vendía composiciones a cambio de remedios para su madre, que falleció unos meses después. Triste y desilusionado, Mozart se enfermó. Pimperl, su perro y único amigo fiel, fue quien se quedó a su lado hasta el día de su muerte, el 5 de Diciembre de 1791, donde Mozart fue enterrado en una fosa común, en Viena.


Era diciembre de 1791 (invierno europeo), hacía frío y llovía en Viena y su mujer Constanze Weber que estaba en Paris, se enteró de la muerte de Mozart y partió hacia Viena para visitar la tumba de su marido. Al llegar allí, se desesperó al saber que Mozart había sido enterrado como indigente, sin ni siquiera una placa con su nombre. Estando allí resolvió “explorar” el cementerio en busca de alguna “pista” que pudiese indicar dónde había sido enterrado Mozart. Buscando entre las tumbas, vio un pequeño cuerpo sobre la tierra removida. Al acercarse reconoció al querido perro de Mozart, Pimpert quien murió sobre su tumba congelado por el frío.
El entierro de Mozart fue un perfecto colofón para tan ajetreada vida. En muchos libros se dice que la comitiva del entierro se dispersó por una fuerte tormenta y terminó por ser arrojado a una fosa común. Hubo un breve funeral en la Iglesia de SanKt Stephen. Acudieron los varones de la familia, algunos supuestos amigos, la lluvia y la ventisca hicieron que nadie acompañase al féretro al cementerio de Sankt Marrx, que estaba a las afueras. La tumba quedó sin señal ni cruz. No se pudo aclarar cómo fue exactamente el entierro y en 1901 cuando se trató de identificar los restos fue por el amor de ese animal que Mozart pudo ser ubicado y sacado de la fosa común donde fuera enterrado.


Hoy, quien visite Viena, verá un gran mausoleo, donde está el cuerpo de Mozart y de su mascota. Fue por el amor de ese animal que Mozart pudo ser ubicado y sacado de la fosa común donde fuera enterrado. El permaneció con su dueño hasta después del final. Murió junto a la tumba de su dueño porque, sin él, no podría seguir viviendo. Una famosa frase de Mozart quedo grabada en el tiempo; un dia saliendo deja un recado para a su gente para su fiel amigo : A mi perro Pimperl dele usted una porción de tabaco español, un buen pan y tres besitos.” y una historia que cuenta que ante las peticiones de los visitantes respondía a ellas a través de su perro.

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