NI UN TORERO VIVO

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miércoles, 2 de marzo de 2011

Artículo y entrevista sobre Marc Bekoff:

Encuentro un interesante artículo en elblogalternativo y lo anarroseo totalmente:


Marc Bekoff es uno de los grandes expertos del mundo en comportamiento de los animales a los que estudia desde hace medio siglo. Vive entre lobos, perros y coyotes y sus conclusiones sobre la vida emocional de los animales, probablemente, no sorprendan a los que conviven con perros y gatos, pero han revolucionado el mundo científico que pecaba de arrogancia y especismo.

Doctor en Etología, es profesor titular de Biología en la Universidad de Colorado, miembro del Guggenheim y de la Animal Behaviour Society, que le otorgó un premio en 2000 por su contribución al estudio del comportamiento animal, y es coordinador del programa Roots & Shoots del Instituto Jane Goodall.



Tiene varios libros publicados: en español, “La vida emocional de los animales” y “Los 10 mandamientos” junto a Jane Goodall, primatóloga y luchadora infatigable de los animales y la conservación de la Naturaleza, y varios en inglés: “Minding Animals”, “Animal Play”, “Animals Matter”, “Wild Justice”, …

Marc Bekoff demuestra con estudios científicos que los animales son mucho más de lo que cree nuestra sociedad y que ya no se justifica nuestro comportamiento cruel con ellos a todos los niveles.

Transcribimos una entrevista de La Contra de La Vanguardia de julio del 2006 en la que Marc Bekoff nos habla claramente de esta vida menos conocida y reconocida de los animales: de moral, de compasión, de risas, de conciencia de muerte y sobre todo de sentimientos en estado puro.

Tengo 60 años. Nací en Nueva York y vivo en las Montañas Rocosas. Soy profesor e investigador en la Universidad de Colorado. Escribo artículos, libros y viajo demasiado. Mi especialidad son los cánidos, investigo sus sentimientos. Estoy casado y cuido a los perros de todos mis vecinos. Soy de izquierdas. Creo en un bien superior.

¿Se ha especializado en las emociones y sentimientos de los animales?
Llevo 40 años estudiando el comportamiento social de los animales, pero cuanto más sé, más me interesan sus sentimientos. Una de mis especialidades es el comportamiento de juego. De hecho, estoy escribiendo un libro sobre la moralidad en los animales.

¿Los animales saben diferenciar entre el bien y el mal?
Tienen un sentimiento moral y en ciertas situaciones saben lo que deberían hacer y lo que no, especialmente en el juego. ¿Sabe? Me sorprende que la gente se sorprenda de este hecho. Los animales fabrican herramientas, viven en sociedad, tienen normas, amigos preferidos, empatía… Es una simpleza decir que todo eso se debe al instinto.

¿Hasta dónde llega esa moral animal?
Cuando juegan, sean perros, gatos, osos, lobos o rapaces, se comunican que van a jugar y, en ese juego, pueden simular que se atacan, que se matan, que se reproducen, pero lo hacen como juego. Nunca traicionan el juego, es decir, no atacan a un congénere cuando han pactado que están jugando.

¿Cómo se dicen los perros “quiero jugar”?
Apoyan las patas delanteras en el suelo, mantienen erguidas las traseras y mueven el rabo, esto significa: “¿Quieres jugar conmigo?”. Este comportamiento lo hemos visto en perros, en coyotes, en lobos y en hienas; lo llamamos justicia salvaje y demuestra que estos animales confían el uno en el otro.

Si se hacen daño, ¿se disculpan?
Sí, grabamos grupos de animales durante largos periodos y también hemos observado comportamientos de compasión, perdón, capacidad de disculparse, empatía… Comportamientos muy semejantes a los de los humanos.

¿Existe la traición entre ellos?
Existe, pero en proporciones mucho menores que entre los humanos. En las especies que viven en grupos es rara la traición porque si un miembro del grupo ve a otro traicionando ya no quieren relacionarse con él, y para ellos es básica la vida social.

¿Es cierto que los perros ríen?
Se han hecho estudios neurológicos en los que se observa que a los perros se les activa la misma zona cerebral que a los humanos cuando ríen. Lo expresan con un jadeo y su risa es tan contagiosa como la nuestra: cuando un perro jadea, los de alrededor también lo hacen.

¿Se enamoran?
Absolutamente, sí.
Tengo un grupo de zorros en observación, y precisamente ayer mostré una película en la que se ve todo el proceso de enamoramiento, cómo un pareja duerme entrelazada, viajan juntos, comen juntos y se tratan con mucho mimo. Es muy arrogante por parte de los humanos pensar que sólo ellos pueden sentir amor.

¿Es otro tipo de amor?
Los cánidos expresan mucho mejor sus emociones profundas. En general expresan mejor la tristeza y la felicidad porque son más abiertos, no tienen prejuicios y no se reprimen. Son libres de expresar sus sentimientos. Entre ellos se sostienen la mirada, buscan en los ojos del otro.

¿Tienen intuición?
Sí, perciben si el otro está abierto o cerrado porque es muy importante para la convivencia en grupo.

¿Intuyen las intenciones humanas?
En especial perros y gatos, animales que llevan mucho tiempo conviviendo con nosotros, prevén e intuyen nuestras emociones.

¿Qué siente el perro por su amo?
Los perros han evolucionado de los lobos y ven a su guardián como parte de su manada, y creen que tienen que colaborar y hacer las cosas en común como harían los lobos.

¿También tienen depresiones?
Sí, ellos lo dan todo y tienen expectativas. Si los abandonas, se les hunde el mundo, has roto los códigos, se sienten confusos y deprimidos. Ese comportamiento se ha estudiado en perros, en gatos y en chimpancés. Todos ellos pueden llegar a morir de pena.

¿Qué ha aprendido de los animales?
Que tienen una vida sentimental muy profunda. Son mucho más de lo que se piensa, y no deberían estar encerrados en los zoos ni se deberían hacer experimentos con ellos. Cuanto más te metes en sus mentes, más compasión sientes hacia ellos y hacia los otros humanos, porque ves los sentimientos en estado puro; los animales no tienen dobleces.

¿Qué episodio vivido con animales le ha conmocionado?
Cuando mi perro Jethro era joven, un día vi con asombro como sacaba de la boca una bola de pelo y la depositaba en mi mano: era una cría de conejo cuya madre probablemente había sido cazada por un coyote. Se sentó y me miró con una ternura infinita. Yo cogí a la cría y la puse en una caja; Jethro se sentó junta a ella y no se movió de ahí en dos semanas, se había propuesto cuidar del conejo.

Podría contarle mil historias similares a ésa. Hay muchos libros con títulos que son variaciones de la vida secreta de los animales, pero los animales son muy públicos, basta mirarlos para entender sus motivos y sus sentimientos. Si usted le da cariño a una vaca, la vaca le corresponderá, y si se lo da a un periquito, también le corresponderá.

Dicen que no tienen conciencia de muerte.
Esta demostradísimo que los animales echan de menos al que se va o muere. Se ha estudiado en perros, en elefantes e incluso en ratas. Cuando huelen que un miembro de su grupo familiar ha muerto, muestran comportamientos de duelo, pero eso no significa que entiendan la muerte como lo hacemos nosotros.

1 comentario:

Alberto dijo...

Esto es interesantísimo y conmovedor.

Deberían utilizarse los libros de este hombre, como libros de texto en las escuelas. Y deberían leerlos todos esos adultos arrogantes que piensan que un animal no tiene las cualidades de los humanos. Como decía Lord Byron sobre los perros, LAS TIENEN y ninguno de sus defectos.

Me ha gustado mucho leerlo. Muchas gracias.

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